Domingo, 05 de Diciembre de 2021
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LA ESCUCHA DEL RAP YA NO DEBE SER IGUAL

Columna de Adriana Dávila

¿A quién no le gusta recordar los inicios y la historia del hip hop? Cuando nos gana la nostalgia o queremos situarnos en algún artista o canción, rápidamente mencionamos esa bella tarde del 11 de agosto de 1973, las fiestas en la calle, en el barrio, afuera del enigmático edificio en la Sedgwick Avenue, en el Bronx, Nueva York.

Aquella gloriosa tarde en el que Kool Herc pinchó sus discos y, como si fuera magia, atrapó en un par de beat’s a los presentes. La historia del hip hop alberga a varias expresiones como el graffiti, el breakdance, al dj y el rap. Este último, promueve una tremenda afición por escribir, por dar ritmo a nuestros versos, acompañar la música con el cuerpo y gestos.

Hablemos de música

Canciones que hablaban del hartazgo de la violencia y del odio a los policías, de un alto al racismo, de pedir justicia, de respetar a los migrantes, de recuperar espacios por medio del arte, de lo artístico. En 1979, Rapper’s Delight explota en la radio, en la televisión a nivel mundial. Ahí supimos que un nuevo género musical se apoderaría de nuestros oídos.

Y lo ha hecho, solo basta mirar la lista interminable de grupos y artistas en Estados Unidos, grandes exponentes que al paso de los años se convirtieron en antecedentes para el resto de los artistas que hay en México, Puerco Rico, Chile, Colombia, Argentina y toda América Latina. Actualmente, la cercanía con su música la tenemos gracias a varias plataformas como Spotify, iTunes, YouTube y redes sociales como Facebook, Instagram, Twitter.

Los seguimos, compartimos sus contenidos y opiniones. De pronto nos sentimos inmersos en sus vidas privadas que casi podemos sentir hacia dónde se dirigirán sus próximas producciones discográficas, esperamos con emoción y desesperación oír sus canciones, pero… ¿Realmente los escuchamos?

Creo que es una reflexión y una pausa que deberíamos de hacer antes de dar play a cualquier canción y más si se trata de rap. Si en un primer momento, la mezcla de ritmo y poesía se hizo con la intención de poner a girar la cabeza de quienes escuchaban y despertar e imaginar otras realidades, ahora más que nunca deberíamos de regresar a ese origen: la escucha.

Escuchemos rap

No vayamos al Bronx, por ahora no hay tiempo. Hablemos desde Latinoamérica: el feminicidio, la violencia, el despojo y defensa del territorio, la muerte de activistas, la censura, la libertar sexual, el cese de la guerra y la petición de que los militares salgan de las calles, nuestras calles. Temas que, te aseguro, están en alguna de las canciones que tienes en tu lista de reproducción. Sé que conoces a un rapero, a una rapera, que está alzando fuerte la voz para retratar en tres minutos la injusticia, la denuncia, la rabia, el señalamiento a muchos de los gobiernos que reducen a cero nuestros derechos.

¿Qué estás escuchando? ¿Cómo estás escuchando? ¿Qué te están compartiendo? ¿Tienes algo que decir al terminar la canción? Muy probablemente sí. Porque una canción se convierte en un himno, en un grito al que se le suman muchas voces, incluso las que ya no están y ya no nos pueden acompañar. Seguro que más de una vez te identificaste con un verso, con una palabra, con un lugar o experiencia. Algo que despertó tu memoria e hizo remolino en tus emociones.

Y la tarea es…

Eso es la música, esas herramientas nos da el rap: conocer el mundo tanto como nos atrevamos a escuchar, a sentir, a compartir. No somos seres aislados, y lo sabemos cada vez que compartimos gustos y expresamos opiniones. Parece que la escucha se da por el simple hecho de percibir el sonido que viene de afuera, pero la tarea es más grande.

La invitación es a comprometernos con lo que consumimos. En el caso de la música, conviene revisar con más atención a los y las artistas que seguimos y comprender a qué o hacia quién le cantan. En cada país, las emergencias son distintas, pero no distantes. La manera en cómo escuchamos dice mucho de la realidad en la que existimos y el rumbo que ésta va tomando.

En este momento de confinamiento y cuidados, ejercita tu escucha, con pausa, saboreando las palabras. Luego, que el ritmo te haga bailar. ¿Qué te gusta? ¿Qué línea, verso o frase crees que se adecua al mundo hoy en día? ¿Hay algo que te enoje, que te despierte? ¿Existe una canción que diga exactamente lo que sientes y lo que ves? ¿La opinión que compartes con frecuencia con tus amigos se puede hacer una canción?

Hazla y que llegue lejos.
Cuéntanos que pasa en dónde tú estás.
Musicaliza tu sentir.
Que haya rabia en tu vivir.

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