Jueves, 23 de Julio de 2026
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LA MUERTE DE PITER PONX

El escritor moderno nace a la vez que su texto; no está provisto en absoluto de un ser que preceda o exceda su escritura, no es en absoluto el sujeto cuyo predicado sería el libro; no existe otro tiempo que el de la enunciación y todo texto está escrito eternamente aquí y ahora.”

La muerte del autor – Roland Barthes

Escrito por Matías Red

Da lo mismo lo que piense Piter ponx. Lo que piense que quiso decir Piter Ponx. La mezcla, la escritura y sobre todo la grabación de este disco eran un testamento obligado. El tiempo es el juez más riguroso. ¿A quién elegirías para colaborar en tu última canción? Tienes toda la vida para sacar el primer disco, pero sólo un año para sacar el segundo. Eso lo dijo Jorge González. ¿Cuánto se demora uno en sacar el último disco de su vida? El rap consciente -o del inconsciente como dijo alguna vez el mismo Piter- es un texto confesional en sí. Sin embargo, el enfrentamiento inminente con la muerte destapa los miedos más profundos y nos obliga a replegarnos en nosotros mismos. Todo el material blando detrás de la corteza de chocolate, se revela.

Y es que el Piter Ponx que grabó este disco era un Bom Bom. Por lo redondo, por las raíces negras, porque había buena vida y poca vergüenza. Harta grasa y cualquier chocolate al suelo. El Reween no escribió un disco “después del tumor”, sino después de su casi muerte, donde el problema ya no es solo biográfico, sino ontológico: ¿quién habla después de sobrevivir? Como gran novedad de su disco me quedo con la voz sensible de «Magnolia». Un tema profundamente sentimental, un poema que hubiese escrito el Neruda más honesto, ese que conoció la hidrocefalia y se quedó. Hay aire marino del Litoral de los poetas, pero poco amor romántico. Que bueno que el último círculo del infierno, nos devolviera a Luis Alberto Spinetta rapeando.

Me agrada la síntesis entre lo político, lo callejero y lo intelectual en este disco. ¿Aló, con la casa de la cultura? Sí, conchetumare. Creo, que de lo que se trata hoy esta weá del arte, es de nivelar hacia arriba. Formar oyentes críticos con la representación de la realidad. El que quiera masturbarse en público que suba videos al YouTube azul. Completamente lícito. Pero este trabajo creativo es otra cosa. Creo en los compañeros artistas y no en los colegas. El dinero es una redundancia a esta altura. Tiene alas y llega cuando quiere. Lo que queda es la disciplina y autodeterminación artística. Pienso en ejemplos disímiles pero con ese denominador común. Yung Beef haciendo sagas en tiempos de singles. La tetralogía A.D.R.O.M.I.C.F.M.S. Pienso en Pablo de Rokha cambiando sus libros por bienes, en almacenes, fondas, boliches y carnicerías. El Millare y su rap retobao, incomodando a la diócesis del rap. Pienso en Violeta Parra y el fracaso en la Carpa de la Reina. La lección es simple. El pacto con el arte transformador es de vida o muerte. A pesar del ninguneo, a pesar del hambre y la crítica miope, hay que seguir. Marcelo Gómez, a su manera, sobrevivió a la industria radioactiva y siguió recolectando voces, como la Violeta, pero en samples.

«Bkn» pareciera una carta entre dos reclusos separados. Uno perdido en laberintos, otro en patíbulos de medicina. Si Rob Paranoid rapeara más, habría mejores oyentes de rap en el país más rapero del mundo. Esa es una cifra de mercado, no sé cuán cierta sea. Lo que sí sé, es que Roberto Paranoia está en el top 10 de los raperos post noventa. Avísenle a Spotify. O mejor no. Mi apellido es underground, woman del Callao. «Hijo de obrero y campesina» sigue con la lógica de claridad impopular. Un tema que no vende en tiempos donde importa el flexeo de millonario y el sentido común pide usar corbatas. En ese esfuerzo de naturalidad se plasma un flow casero, de guatazos en el agua del grifo, de rap sin caretas, canto del lugar común que se vuelve comunitario.

En la canción «Letal» reaparece Rvyo, quien ya lo acompañó en el disco anterior en «Quítate la máscara». Esta dupla tiene un estilo crudo. Un falta de filtro entre el contenido y la forma. Material en bruto. La zona incómoda donde la antinorma y los barbarismos se transforman en nuevas palabras. Se beneficia el error y la autenticidad por sobre la normativa. Eso sí que transforma la cultura. Más allá de la moral musical, los ejemplos son variados. Desde el verbo chipear, modificar pistolas semiautomáticas para convertirlas en armas de fuego completamente automáticas, que el tío Rene transformó en CHIPITEAR. Mnemotecnia de un soldado limítrofe. Pablo Chill-e nos regaló el verbo asincerar «cuidar a los que quiero, lograr lo que soñaba / En cabina, me ASINCERO, como cuando niño imaginaba» en la canción Bendecido con Arte Elegante. Mi caso favorito es el de Conflicto Urbano y el verso «IRREMPLAZABLEMENTE drogas, en la POBLÁ» de la canción «Pasturrap», agregándole descaradamente una sístole a la palabra pobla. Piensen en lo irreemplazable de las drogas en la pobla. ¿Puede faltar de todo, menos las drogas? Este track nos regala un coro donde lo plural y lo singular se funden en virtud de la sonoridad «me compadezco de los hater porque no me odian a mi / se odian ellos mismos por eso son INFELIZ (ces)». Y al final de su estrofa, el autor lo admite: «es de campeón reconocer y valorar el error/ porque el orgullo no es un sello del honor».

En «Piter ponx y sus amigos» vuelve a su faceta de gran productor. Rap pa la pipa. Raspa la pipa y no sientas arcadas. Una fórmula que inventó hace 18 años atrás, con aquellos 6 tigres de la literatura hardcore: Snif al Weso. Pintura surrealista con voces angustiadas, en inglés, chileno, espanglish y latín. Conceptualmente gutural. Al igual que «Vértigo» junto a 36 Kímico. Dosis de adrenalina y flow intestinal. Me duele la guata escuchar Vértigo. A ese tema le falta unos versos de Talo Brezzo. Chántale un Tag al muro de San Pedro, wacho loco. El free Palestina me vuelve al lugar de inicio. El retorno del king, king Kong sin volumen. Piter Ponx además de hacer rap, ahora hace calistenia. El super sayayín que supera los poderes del super sayayín ordinario, ha llegado.

Asumir con humildad la venida de la muerte, es quizás el mejor gesto de este disco. Escuchar Marcelino Ponx & Beer implica una contradicción: sabemos demasiado sobre quién escribe. El tumor cerebral vuelve imposible fingir que el autor no importa, pero el disco sugiere algo más complejo: quizá quien sobrevivió ya no es exactamente el mismo que comenzó a grabarlo. El cuerpo de Piter Ponx sobrevive, pero el disco suena como el testimonio de alguien cuya identidad previa quedó interrumpida, obligando al oyente a escuchar no solo canciones, sino las huellas de una transformación. ¿Lo veremos hacer reggaeton de ahora en adelante? ¿No habrá más revelaciones de la virgen en los pañuelos desechables? ¿Se habrá transformado en un cyborg? En la canción «Light out» hay una resolución estética del problema de las IA. El autotune es como la pólvora. No es pa tanto, no es pa tontos. Con un corito basta. Una buena dosis de Rap chileno, combatiendo a Skynet bajo las alcantarillas.

 

 

 

 

LOCKO WAY Y HABITUAL

roberto.padillafuentes@gmail.com